de Gabriela Mistral
En una pequeña aldea cerca de la Cordillera de los Andes, Sarmiento vivió alrededor de un año. Allí, en Pocuro, Chile, fue maestro de escuela.
Gabriela invita a recuperar estos lugares que forman parte de nuestra historia y nos dice:
"Nosotros tenemos, por más que nuestra historia cruja todavía de almidón, muchísimos lugares históricos a lo largo de nuestra América que pueden servirnos para un menester mágico semejante al de los talismanes excitadores de Apolonio: descansos o peleas de Bolivar, casa mendocina donde conversaron San Martín y O`Higgins, vivienda de Morelos, “estaciones” de José Martín, y las escuelas de Sarmiento desde la primera a la última. Estos lugares de cita formidable con la historia pueden desatarnos la electricidad de la creación, que guardamos a veces en el puño, sin empleo: pueden aplicarnos, de la coronilla a los pies, el fustazo que dieron a San Pablo en el camino de Damasco; pueden merecernos con terremoto salubre de la carne la pesadez de casa de abobe que llevamos todavía, aunque nos creamos tan ágiles y desembarazados".
Crónica publicada en la Revista Semanal La Nación el 19 de octubre de 1930
Encuadernado de forma artesanal. Viene acompañada con la versión original mecanografiada y corregida por la autora.
Encuadernado de forma artesanal. Viene acompañada con la versión original mecanografiada y corregida por la autora.
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de Gabriela Mistral
En una pequeña aldea cerca de la Cordillera de los Andes, Sarmiento vivió alrededor de un año. Allí, en Pocuro, Chile, fue maestro de escuela.
Gabriela invita a recuperar estos lugares que forman parte de nuestra historia y nos dice:
"Nosotros tenemos, por más que nuestra historia cruja todavía de almidón, muchísimos lugares históricos a lo largo de nuestra América que pueden servirnos para un menester mágico semejante al de los talismanes excitadores de Apolonio: descansos o peleas de Bolivar, casa mendocina donde conversaron San Martín y O`Higgins, vivienda de Morelos, “estaciones” de José Martín, y las escuelas de Sarmiento desde la primera a la última. Estos lugares de cita formidable con la historia pueden desatarnos la electricidad de la creación, que guardamos a veces en el puño, sin empleo: pueden aplicarnos, de la coronilla a los pies, el fustazo que dieron a San Pablo en el camino de Damasco; pueden merecernos con terremoto salubre de la carne la pesadez de casa de abobe que llevamos todavía, aunque nos creamos tan ágiles y desembarazados".
Crónica publicada en la Revista Semanal La Nación el 19 de octubre de 1930
Encuadernado de forma artesanal. Viene acompañada con la versión original mecanografiada y corregida por la autora.
Encuadernado de forma artesanal. Viene acompañada con la versión original mecanografiada y corregida por la autora.